La investigación científica en odontología

Scientific research in dentistry

HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN  |  EDITORIAL  |    OPEN ACCESS  |    PEER-REVIEWED

La investigación científica en odontología

Scientific research in dentistry

Autor/es: Orlando L. Catanzaro

Vol: 105  |  Nº 3  |  Sep 2017  |  Páginas: 87-87

Publicado: 30/09/2017

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EDITORIAL - HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN

La investigación científica en odontología

Scientific research in dentistry


Orlando L. Catanzaro(1)

1. Profesor emérito de la Facultad de Medicina, Universidad Del Salvador / Asociación Odontológica Argentina



Resumen

La investigación científica es la base principal del desarrollo de la civilización. A partir de la investigación científica, se obtienen prodigiosos resultados en la salud, la economía, la industria y el progreso de la humanidad. Los grandes descubrimientos científicos transforman a la humanidad.

Sin la ciencia básica o fundamental, no se pueden lograr soluciones rápidas, eficientes y duraderas. La ciencia básica y sus descubrimientos han permitido resolver problemas importantes y críticos. El Dr. Bernardo A. Houssay, premio nobel 1947, siempre afirmaba que el adelanto científico dependía de la existencia de científicos de larga y cuidadosa formación.

La investigación científica tiene como meta actualizar los conocimientos para mejorar las profesiones. La formación de un profesional no termina con su graduación, sino que es un quehacer constante de conocimientos. La actualización continua y la investigación permiten profundizar los conocimientos y aplicarlos en la práctica profesional.

Desde que, en 1887, se propusieron estudios en odontología, grandes maestros argentinos de esta especialidad se destacaron por generar nuevos conocimientos e innovaciones en estudios odontológicos. La importancia de la investigación científica en la formación del odontólogo reside en mantener e incrementar la calidad del ejercicio de la profesión.

Por eso, es preciso fomentar la investigación científica en los jóvenes y futuros odontólogos.

Palabras clave: Investigación, odontología, profesionales.


 

Abstract

Scientific research is the fundamental base for the development of civilization. As a result of it, human being had obtained prodigious results in health, economy, industry and human advances. The great scientific discoveries transform the humanity.

It is not possible to reach efficient and lasting solutions without the basic sciences. The applications of the basic sciences theories and discoveries to practical use have contributed to solve important and critical problems. Dr. Bernardo A. Houssay, 1947 Nobel Prize in medicine, always used to say that scientific progress and advances rely on the work of adequately trained scientists.

The main aim of science is to update knowledge to improve and broaden professional scope. Every graduate needs continuous updating of knowledge for application in his/her practice.

Since 1887 and years after, many distinguished dental professors and research innovations that generated large professional development. They installed the importance of scientific research for dentists to continue and increase the quality of professional practice.

Young students and graduates must be trained in dental scientific research.

Key words: Dentistry, professionals, research.



La investigación científica constituye una de las bases principales del desarrollo de la civilización. ¿Cómo se explica esta forma de ver la investigación? A partir de las diferentes maneras de mejorar el bienestar de los seres vivos en lo relativo a la salud, la economía, la industria y todo aquello que se obtiene como resultado de la investigación científica y sus aplicaciones. El químico y bacteriólogo francés Luis Pasteur, como hombre de ciencia, partió de conocimientos sobre ciencias naturales en química y microbiología, pero llegó a demostrar, con estudios de ciencia pura, el origen infeccioso de muchas enfermedades. Con sus investigaciones transformó la higiene y, como resultado, empleó esos conocimientos para mejorar la cirugía y sus complicaciones.

La investigación científica, mediante los constantes conocimientos básicos, nos permite aplicaciones prácticas y desarrollos específicos en todas las áreas médicas, económicas, técnicas, industriales, etc. Es así como los grandes avances científicos prometen transformar a la humanidad. Pero, en la investigación científica, es preciso que existan reglas morales suficientes para que sus adelantos sean utilizados para el bien de la humanidad. Si no nos ponemos a resolver por medio de la investigación, ¿cómo vamos a sostener con más y mejores alimentos a una población mundial en aumento? Si no trabajamos en ciencia para prevenir y curar el cáncer y el Alzheimer o para frenar la contaminación de los océanos –y muchos otros problemas que nos aquejan– por medio del trabajo serio y continuo de la investigación, no podremos lograr soluciones rápidas, eficientes y duraderas.

En la investigación hay tendencias y temas específicos, mientras que otros quedan relegados. Por ejemplo, la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación de España opina que los mayores desafíos tienen que ver con los efectos sobre el cambio climático y las áreas que involucran a la salud, como la medicina personalizada o las investigaciones para mejorar el bienestar de las poblaciones más envejecidas. En la Dirección de Investigación de la Comisión Europea se establece que la ciencia contribuye, sin ninguna duda, a resolver los problemas de la sociedad en todos los ámbitos. Entre los más importantes proyectos en la Unión Europea, se señala descifrar el cerebro humano y crear robots para ayudar a las personas de mayor edad.

Así lo manifestaba el premio nobel argentino Dr. Bernardo Houssay con su constante prédica de formar investigadores de calidad en investigación básica para que sirvieran de núcleo al desarrollo de la ciencia aplicada. Con buenos científicos, las aplicaciones de la ciencia aparecerán automáticamente. Ha pasado mucho tiempo desde que el Dr. Houssay señalara que el adelanto científico depende de la existencia de investigadores de larga y cuidadosa formación. Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón inició una profunda y decidida participación en la inventiva y la innovación en las grandes industrias –como la electrónica, la óptica, los transportes, la salud, etc.–, procurando reunir la investigación básica y la aplicada al desarrollo.

Un tema complejo que alerta a la comunidad científica consiste en que la producción alimentaria mundial tendrá que incrementarse más del uno por ciento anual en un futuro próximo para poder satisfacer las necesidades de la creciente población. De ahí la necesidad de tener científicos preparados para, desde la investigación básica, resolver problemas críticos como este. El verdadero capital científico y técnico de una nación está dado por la calidad de sus hombres de ciencia, por la intensidad de sus trabajos, y no por el dilema de si la investigación básica es mejor que la aplicada. El asunto es la utilidad de los conocimientos (básicos o técnicos y aplicados), que forman un todo. Todo lo que la investigación nos legó a lo largo de la historia, los grandes descubrimientos básicos y las innovaciones han sido de utilidad. Lo que hoy no parece ser útil de forma inmediata puede ser la base de la innovación aplicada futura. La ciencia básica no es un gasto sino una inversión, una actividad que necesita estabilidad, continuidad y orden, marcada por un alto grado de incertidumbre en sus resultados, pero sin la cual cualquier aplicación a largo plazo se desvanece. Porque no hay aplicaciones de la ciencia que no tengan detrás un conjunto sistemático de conocimientos básicos anteriores. Por eso, la mejor manera de tener ciencia aplicada es intensificar la investigación científica fundamental.

¿Cómo se dio la investigación científica en la Argentina? ¿Cuáles fueron los primeros esbozos de lo que luego sería un prominente desarrollo de la investigación en el país? Recorriendo un poco épocas pasadas encontramos que, en la década de 1870, un presidente argentino impulsó un importante plan de desarrollo científico. Me refiero al gran educador Domingo F. Sarmiento. Debido a su constante tarea educativa, promovió la llegada de grandes investigadores extranjeros, como el naturalista alemán Karl H. Burmeister, el astrónomo estadounidense Benjamin Gould, el zoólogo holandés Hendrik Weyenbergh, el botánico Gerog Hieronymus. También impulsó la creación del observatorio astronómico y de diversos institutos, como el Liceo Agrícola y Enológico que lleva su nombre. En épocas poco propicias, siendo presidente, se vinculó con universidades estadounidenses, y también con el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que relacionaba la adquisición de conocimientos y su aplicación siguiendo el lema Mens et manus (“Mente y mano”). Sin embargo, ese esfuerzo titánico por traer la investigación científica al país no fue continuado, y en 1890 comenzó una desvalorización de la investigación científica, con un gran retroceso de la ciencia nacional. La ciencia básica fue dejada de lado para privilegiar las aplicaciones, argumentando que la ciencia básica era “una pérdida de tiempo”, al afirmar que la Argentina “no necesita hombres sabios sino hombres de acción”. Esto recuerda lo sucedido al sobresaliente científico Antoine-Laurent de Lavoisier, cuando la Revolución Francesa lo guillotinó con el argumento de “La República no precisa ni científicos ni químicos, no se puede detener la acción de la Justicia”.

¿Cómo se reorganizó, más tarde, la investigación científica en la Argentina? En 1908, el Dr. Bernardo Houssay desarrolló su labor como docente e investigador de los laboratorios de la Facultad de Veterinaria, la Facultad de Medicina y el Instituto de Biología y Medicina Experimental. En 1886 se introduce la enseñanza de la odontología en la medicina. Sin embargo, en 1887 se propone la necesidad de estudios completos de odontología; se abre una cátedra de odontología y se designa al Dr. Nicasio Etchepareborda para que dicte un curso libre teórico-práctico en el viejo Hospital de Clínicas. Tal fue el primer intento de organizar la creación de la Escuela de Odontología, en la que se recomienda al distinguido Prof. Dr. Nicasio Etchepareborda. Aquí comienzan los primeros pasos de la investigación científica en odontología: en 1898, Rodolfo Erausquin solicita al decano de la Facultad de Medicina de la UBA ser admitido como estudiante, y en 1889, como alumno regular del primer curso de odontología. En 1901, se gradúa de dentista y de médico. Desde ese momento se destaca por su dedicación en la clínica, realizando tareas docentes y de laboratorio que lo convertirán en un excelente docente y, sobre todo, en investigador en odontología, al presentar por primera vez un trabajo de investigación en el Laboratorio de Psiquiatría y Neurología de la Facultad de Ciencias Médicas, acerca de “El desarrollo del aparato dentario en los mamíferos”. Es así como se inicia la investigación científica en odontología, que continúa durante muchos años. Acerca de su tesis de profesorado para optar a una suplencia en odontología, la Comisión de Enseñanza se expide: “El trabajo presentado por el Dr. Rodolfo Erausquin sobre el ‘El desarrollo del aparato dentario en los mamíferos’ revela método de estudio, conocimientos técnicos especiales, laboriosidad y dedicación […] entre otros conceptos”.

La llegada del profesor R. Erausquin marca una frontera entre la antigua dentistería y la nueva era de la odontología científica. Fue el primer consejero de odontología desde 1918, y ayudó en su formación al Dr. Alfredo Lanari como decano de la Facultad de Medicina y destacado colaborador del Dr. Houssay – quien, entre 1926 y 1928, dirigió la cátedra de Fisiología con Química y Física para Odontología, que se dictaba en la Facultad de Medicina–. La creación, en 1919, del Instituto de Fisiología significó un mejoramiento de la enseñanza y, sobre todo, la continuidad de la investigación básica. La investigación en la Facultad de Odontología estuvo siempre ligada a la Facultad de Medicina de la UBA. Se recuerda, por ejemplo, la actividad científica del Dr. Jorge Erausquin con la cátedra de Histología de la Facultad de Medicina –que dirigía el Dr. Euardo de Robertis–, o la participación de los doctores Juan Chaneles, Roberto Egozcue, Juan Carlos Muracciole, Pablo Bazerque y otros en la cátedra de Fisiología y en el Instituto de Fisiología de la UBA, que dirigía el Dr. Bernardo Houssay. Volviendo un poco atrás en la historia de la investigación científica, nos remontamos al año 1943.

La investigación iniciada en la Facultad de Medicina de la UBA por el Dr. Houssay, por el prestigio internacional que este tenía, en 1944 debió continuar de manera privada, con la ayuda del señor Juan B. Sauberan y la Fundación Rockefeller, en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, en una casa particular ubicada en Costa Rica 4185, Ciudad de Buenos Aires. En Escritos y discursos del Dr. Bernardo A. Houssay, se describe así el lugar: “… tres habitaciones constituyeron laboratorios […] allí yo recuerdo haber trabajado en experimentos con animales […] conocí al Dr. Bernardo A. Houssay, Juan T. Lewis, Virgilio Foglia, Del Castillo, Carlos Ottolenghi, Eliseo Segura, Raúl Vaccarezza, José María Ramos Mejía, entre muchos otros prestigiosos investigadores”. En 1947, el Dr. Benardo A. Houssay obtuvo el Premio Nobel de Medicina. Un año después se creó la Facultad de Odontología de la UBA, y entonces comenzó una etapa de realización y mejoramiento de la enseñanza y la investigación. Con el nacimiento del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el regreso del Dr. Bernardo A. Houssay a la continuidad de la investigación científica en la Facultad de Medicina, en el Instituto de Fisiología, empieza en el país una época de grandes realizaciones en investigación. Como presidente del Conicet, otorgó becas internas y externas a graduados recientes.

Yo ingresé a la Facultad de Odontología en 1953, y al año siguiente decidí incorporarme a la cátedra de Fisiología, a cargo del Dr. Horacio Rubio. Entre otros estudiantes de odontología, recuerdo al Dr. Jorge Kofoe, al odontólogo Guillermo Alonso y al Prof. Pablo Bazerque, con quien trabajé en investigación.

Allí comencé mis primeras armas en docencia odontológica e investigación, dirigido por el Dr. Houssay. Para la realización de las tesis de doctorado en odontología, los que habíamos entrado como ayudantes recibimos becas internas del Conicet. En mi caso, recibí la beca en noviembre de 1959. En el diario La Nación figuraban, entre otros nombres, los de quienes luego formaron parte importante de la carrera de investigador del Conicet, como Agustín Aoki, Nelly Blumenkrantz, Susana Di Bernardo, Jorge Coussio. En ese tiempo tuve la satisfacción de colaborar en el Instituto de Biología y Medicina Experimental de las calles Obligado y Monroe (Ciudad de Buenos Aires), en cirugía de glándulas endócrinas en animales de experimentación, con el Dr. Bernardo Houssay, quien nos elogiaba el instrumental que usábamos los odontólogos, que según él era el más perfecto para esas operaciones. En 1958, al ser nombrado el Dr. Alberto Houssay como titular de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Odontología, varios odontólogos que ya pertenecíamos, y otros que se agregaron, nos incorporamos a la investigación: Pablo Bazerque, Jorge Kofoe, Guillermo Alonso, Ángela Peronace, Oscar Tumilasce, Julia Harfin, Halina Curbelo y Eduardo Charreau (bioquímico). En Anatomía Patológica e Histología, se destacaron como investigadores odontólogos las Dras. María Itoiz, Beatriz Guglielmotti, Beatriz Maresca y Ángela Ubios, y el Dr. Francisco Devoto. En 1964, obtuve una beca externa para trabajar en el Medical Center de la Universidad de Alabama (Birmingham, Estados Unidos), en el Departamento de Fisiología y Farmacología que dirigía el eminente fisiólogo John Newport Langley, sobre fisiología, bioquímica y farmacología de la síntesis de proteínas salivales. Allí permanecí durante cinco años, al cabo de los cuales regresé al país y me incorporé a la carrera de investigador del Conicet en 1969, como muchos otros odontólogos. Aún tengo en mi poder la nota que me envió el Dr. Bernardo Houssay, en la que me decía: “Aliento la firme esperanza de que ese apoyo y esa posibilidad han de ser aprovechadas plenamente por cada una de las personas que ingresan a la carrera”. Así me incorporé como investigador en la cátedra de Fisiología que dirigía el Prof. Alberto Taquini (h), de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, y desde 1964 realicé trabajos de investigación en la cátedra de Fisiología de la Universidad de Minas Gerais (Belo Horizonte, Brasil), bajo la dirección del sobresaliente científico Wilson Beraldo, junto con el científico farmacólogo Rocha e Silva. A mi regreso, continué en la cátedra de Fisiología de Farmacia y Bioquímica, en la que fui secretario estudiantil, secretario académico y profesor titular por concurso de la cátedra de Fisiología Humana. También fui designado en el Departamento de Farmacología del Medical Center de la Universidad de South Carolina (Charleston, Estados Unidos), dirigido por el Dr. Harry Margolius. El Conicet me nombró director de un programa de investigación sobre péptidos que produjo numerosos e importantes trabajos de investigación. Cuento con más de ciento treinta trabajos de investigación original, publicados en revistas de investigación argentinas y extranjeras (Estados Unidos, Canadá, Francia, Inglaterra, Brasil, Grecia, etc.). La Escuela de Odontología de la USAL/AOA me designó “profesor fundador” de la institución, a la que aún pertenezco como profesor emérito de medicina. Debo destacar a la Biblioteca de la AOA, que fue dirigida por la prestigiosa Dra. Margarita Muruzábal: en ella se encuentran las colecciones más completas de revistas científicas odontológicas del mundo, y tiene una trayectoria internacional que, sin duda, es un pilar para la investigación odontológica. He hecho mucha ciencia como odontólogo, y he procurado seguir estudiando las complicaciones diabéticas en la enfermedad periodontal, la nefropatía, la oculopatía y la neuropatía.

Todo lo anterior se condice con una idea: la importancia de la investigación en la formación del odontólogo reside específicamente en la actualización de los conocimientos para mejorar la calidad del ejercicio profesional y estar a la vanguardia de los saberes científicos en esta ciencia de la salud. La interacción de la educación y la investigación ya fue ampliamente difundida en las publicaciones del Dr. Bernardo A. Houssay, y todos esos argumentos sustentan la formación de los profesionales odontólogos. La investigación tiene que iniciarse en la etapa universitaria de los futuros profesionales, independientemente de que sean nacionales o privadas. Como decía el Dr. Bernardo Houssay, “una debida educación procura sumergir a los estudiantes en la actividad intelectual y despertar el interés en desarrollar su capacidad de instruirse”.

Agradecimientos: A la Dra. Irene Cristina di Martino, especialista en Metodología de la Investigación Científica, por la compaginación de la búsqueda bibliográfica.


Bibliografía

  • Houssay BA. La investigación científica. Columba, 1955. Barros Medina A, Paladini A (comps.). Escritos y discursos del Dr. Bernardo A. Houssay. Buenos Aires, Eudeba, 1989.

  • Kukso F. “¿Ciencia ‘inútil’? Por qué la investigación básica, humana y social es estratégica. En: La Nación, 5 de marzo de 2017.

  • Leloir LF. “Houssay y la investigación científica”. En: La Nación, 22 de noviembre de 1981.

  • Revista del Museo y Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Odontología de Buenos Aires. 1996:22.

  • Revista del Museo y Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Odontología de Buenos Aires 2007:39.

  • Revista de la Academia Nacional de Odontología. 2004:4.

  • Ricard M. “Los grandes avances científicos que prometen transformar la humanidad”. En: Clarín, 5 de marzo de 2017.

  • “Importancia de la investigación científica”. En: Metodología Científica 5, 15 de agosto de 2017.

Contacto:
Orlando L. Catanzaro
ocatanzaro@hotmail.com.ar
Av. Rivadavia 5126, 18º “3” (C1424CET)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina



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Citar este artículo
Catanzaro O. La investigación científica en odontología. Rev Asoc Odontol Argent. 2017 Sep 30;105(3):87-87. Disponible en: https://raoa.aoa.org.ar/revistas?roi=1053000096
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